lunes, 11 de abril de 2016

Carta a mitad de camino

Carta a un autor

Quito, abril de 2016.


Señor:
Marcelo Chiriboga
Ciudad


Estimado autor,

Tengo todas las intenciones de saludarle como a usted le gusta que lo hagan, pero mi desconocimiento de este ritual me impide disponer de las palabras y formas precisas, lo que me llena de frustración. Sin embargo, no dejaré que este sentimiento impida a mi mensaje manifestarse.
Quisiera comenzar por preguntarle (aunque quizá deba esperar tiempo indefinido por una respuesta, una que podría no llegar nunca, si ciertos rumores obedecen a la realidad), por preguntarle, repito tras un largo e incómodo paréntesis, ¿qué opina usted de quienes niegan su existencia y la adjudican a los rumores maliciosos de otros escritores, dizque “para hacerle un favor a Ecuador”? No puedo negar la posibilidad de que esta indagación resulte ridícula en el escenario de que su esencia no sea más que una divagación. Me llena de esperanza pensar en que, a vuelta de correo, o dentro de una botella náufraga, o tal vez en el rincón menos sospechado de un tímido periódico, encuentre evidencias concretas de su paso por el mundo o, al menos, una invitación a conservar la fe.

He buscado en muchas librerías de Latinoamérica su obra más conocida, “La caja sin secreto”; pero siempre me estrello con las burlas o el desprecio de los dependientes: algunos sonríen antes de darme la espalda, otros pasan a este lado del mostrador antes de gritarme toda suerte de improperios. A pesar de todo, debo decir que en mi gesta no todo ha sido negativo: en cierta ocasión, tras soportar la humillación (que no quiero entender) de un librero malhumorado, cuya figura alargada lo hacía terriblemente amenazante, se acercó a mí una joven que cargaba algunos ejemplares, y me dijo: “yo también llevo tiempo buscando lo mismo que usted, pero he aprendido a ser discreta”. Esto sucedió hace menos de un mes, y acabo de llamar a la chica para enterarme de los resultados de sus esfuerzos. Ella también le busca, maestro, en Cuenca, donde dicen que nació.

Ni siquiera sé a dónde enviar esta misiva. Tal vez la dejé por ahí, a merced del viento, y tenga la suerte necesaria.

Me despido con toda la disposición y espíritu intranquilo,




Oliver Jhony

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